Fundación Escuela para la formación y actualización en Diabetes y Nutrición

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Presidente: Prof. Dr. Adolfo V. Zavala | Fundada en 1993

Relación entre la obesidad y la salud mental

+info - [2012-01-18]

Eelata la relación entre ambas variables.

LA RELACIÓN ENTRE OBESIDAD Y SALUD MENTALJessica A. EricksonResumenExisten extensas investigaciones que estudian los efectos físicos y fisiológicos nega-tivos que se derivan de la obesidad, pero sólo recientemente los investigadores se centraron en si la obesidad también puede conllevar problemas psicológicos. Este artículo explora la influencia y conexión mutua entre la obesidad y los problemas de salud mental. En primer lugar, analiza los estudios que examinan cómo los trastornos de salud mental impactan en el peso corporal, y cómo los efectos del sobrepeso y la obesidad se relacionan con proble-mas psicológicos tales como la depresión y la baja autoestima.
            También se analiza el impacto de los factores demográficos, como edad, sexo y ori-gen étnico, sobre la relación entre la obesidad y los problemas de salud mental. Se concluye que el estudio de la relación entre la obesidad y la salud mental representa un área clave para la investigación e intervención.
Introducción.             Estudios recientes han demostrado que un tercio (34%) de los niños en Estados Unidos tienen sobrepeso o corren el riesgo de tener sobrepeso, con un 17% por encima del percentil 95 de índice de masa corporal (IMC). Este porcentaje muestra una triplicación del sobrepeso infantil en las últimas tres décadas. La obesidad de adultos también es muy pre-valente, con 72 millones de adultos en EE.UU diagnosticados como obesos (la obesidad del adulto se define como un índice de masa corporal ≥ 30,0 kg / m 2). En Chile, más de 1/5 de los niños que entran a primero básico son obesos, y más de un 60% de la población de adultos presenta sobrepeso u obesidad.
              El aumento de peso puede no parecer sorprendente en un país como Estados Unidos por su sobre-consumo, donde la comida rápida y las porciones grandes de comida son muy comunes. Sin embargo, este escenario se aplica actualmente a la mayoría de los países del mundo. En todo el mundo unas 400 millones de personas son víctimas de la obesidad
Un área de preocupación que es difícil de medir y que sólo recientemente ha comen-zado a ser examinada en la investigación médica, es la relación entre la obesidad y la salud mental. Se sabe bien que la obesidad se desarrolla como una interacción de los genes con los factores ambientales, pero ¿Es posible que ciertos factores ambientales puedan contri-buir también a que un individuo se vuelva obeso?, ¿Cuáles son los problemas psicológicos negativos que la obesidad conlleva? Los niños y adolescentes obesos enfrentan la estigma-tización y discriminación a diario, y a menudo son juzgados injustamente y son víctimas de la exclusión social. Es de suponer que su bienestar psicológico se vea comprometida por ello.
Problemas de salud mental que pueden llevar a la obesidad.
Antes de examinar los problemas psicológicos que pueden derivarse de la obesidad, vale la pena examinar en primer lugar si se dan las condiciones de salud mental que puedan predisponer o aumentar las probabilidades de un individuo para convertirse en obeso. Dado que las vías que regulan el peso han demostrado estar estrechamente vinculadas con otros sistemas, incluyendo el sueño, el estado de ánimo, la ansiedad y la cognición, uno puede ver la obesidad como una enfermedad que se puede atribuir a variables psicológicas, rasgos o síntomas que afectan a medio y largo plazo la ingesta y gasto energético. Uno de los pro-blemas psicológicos demostrado de forma consistente como predictor de la ganancia de pe-so en la infancia y la adolescencia, es la depresión. Estudios longitudinales demuestran el valor predictivo que tienen los síntomas depresivos en la infancia y la presencia de obesi-dad durante la infancia tardía, adolescencia y edad adulta. La duración de la depresión entre la niñez y la edad adulta, también ha demostrado poder predecir el IMC para adultos. Los estudios también muestran que el 25-30% de los pacientes que recurren a la cirugía como una cura para su obesidad, presentan clínicamente síntomas significativos de depresión en el momento de la evaluación, y el 50 % tiene una historia de trastorno del estado de ánimo o de ansiedad. Estos estudios demuestran una conexión reveladora entre la depresión y la obesidad.
             El aumento de peso, aumento del apetito y disminución de la actividad física, son síntomas comunes en la depresión, mostrando una relación lógica entre el trastorno mental y la obesidad. La depresión puede causar obesidad, cambiando los patrones de alimentación de una persona o reducir su actividad física. Además de la depresión, la baja autoestima es una variable que puede aumentar el riesgo de obesidad. Niños con baja autoestima basal, son el doble de propensos a tener sobrepeso u obesidad en comparación con sus pares de peso normal. Puntuaciones más bajas en algunas dimensiones de la autoestima en el mo-mento basal en niños de 11 a 14 años, predijo un mayor IMC 3 años más tarde (después de controlar por los valores basales de IMC). Actualmente, la investigación sugiere que las tasas de obesidad se puedan reducir tratando la depresión y baja autoestima en niños y adolescentes.
Problemas de salud mental que pueden ser causadas por la obesidad.
Un área de estudio con mayor prevalencia que la investigación sobre las enferme-dades mentales que pueden aumentar la probabilidad de obesidad, es el estudio de las con-secuencias psicológicas por ser obeso. La obesidad, a través de las vías del sistema nervioso central, o por medio de la estigmatización y / o victimización, resistencia física o complica-ciones médicas, puede afectar significativamente el bienestar mental de un individuo. Esta sección aborda cuatro temas de salud mental que han sido vinculados como posibles resul-tados de la obesidad. Estos son: reducida autoestima, depresión, ideas suicidas y trastornos de la alimentación.
Autoestima.
La autoestima, según William James, es "un equilibrio entre los logros de una per-sona y sus metas o aspiraciones". La obesidad en sí conlleva una baja autoestima, así como una disminución de la calidad de vida. Un estudio longitudinal en USA basado en más de 1.000 niños de 9 a 10 años de edad, midió la autoestima entre los niños obesos y los no obesos. Los niños obesos mostraron una disminución significativa en los niveles de auto-estima. Estas tasas de disminución de la autoestima, también se asociaron con mayores tasas de tristeza, soledad y nerviosismo. En otra investigación australiana basada en la comunidad también conectó a los niños con sobrepeso y obesidad con una baja autoestima en comparación con los niños sin sobrepeso. De hecho, un mayor índice de masa corporal basal fue un predictor de pobre autoestima. Se ha encontrado que los niños obesos tienen el doble de probabilidades de sufrir una baja autoestima, en comparación con sus pares con peso normal. Estos resultados sugieren una influencia causal entre el sobrepeso y el hecho de sufrir de baja autoestima.
Depresión.
La depresión es otro trastorno de salud mental que puede resultar de la obesidad. La depresión es causada por una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. La imagen corporal negativa, que es el resultado de la obesidad, puede ser una causa para la depresión. En un estudio transversal hecho a 43.534 adolescentes de 18-19 años realizado en los Países Bajos, la obesidad demostró aumentar significativamente los niveles de depresión. Los participantes fueron evaluados mediante el Inventario de Salud Mental (MHI). Después de controlar por las variables socio-demográficas (tales como sexo, edad, etnia y nivel de educación) se demostró que la obesidad y el bajo peso son un riesgo para el desarrollo de la depresión.
             También se ha documentado que los pacientes con obesidad mórbida (IMC ≥ 40) tienen 5 veces más probabilidad de cumplir con los criterios de depresión en comparación con las personas de peso promedio. Cerca de 25-30% de los pacientes obesos que buscan una cirugía, también reportan importantes síntomas clínicos de depresión. Estos estudios demuestran una conexión significativa entre la obesidad y el desarrollo de la depresión.
Ideas suicidas.
Ideación suicida, que es el término médico para el acto de pensar en suicidarse, también ha demostrado ser un problema psicológico que resulta de la obesidad. Varios estudios han demostrado que la ideación suicida se asocia significativamente con el sobre-peso y la obesidad del adolescente. Una encuesta representativa a nivel nacional en cana-dienses mayores de 15 años, encontró que la obesidad se relacionó significativamente con la depresión del año pasado y la ideación suicida. Incluso cuando se ajustó por edad, sexo y otras características socio demográficas, la relación entre la obesidad y la ideación suicida siguió siendo significativa. Irónicamente, los resultados muestran que aunque las tasas de depresión y la ideación suicida puede ser más común en personas con sobrepeso y obesos, el riesgo real de suicidio disminuye mientras más peso gana el individuo. En Suecia, 1,3millones de hombres cuyo IMC se evaluó a la edad de 18 a 19, fueron seguidos durante un máximo de 31 años. Por cada 5 kg/m2 de aumento en el IMC, el suicidio durante el período de seguimiento se redujo un 15%. Los datos de las encuestas nacionales de Estados Unidos también mostraron esta tendencia. Por cada aumento de 5 kg/m2 en el IMC, el riesgo de suicidio disminuyó un 18% para los hombres y 24% para las mujeres. Aunque aparente-mente contradictorias, parece que mientras más alto es el índice de masa corporal, más altos son los niveles de depresión e ideación suicida, también se asocia con una tasa de suicidio más baja.
Desordenes alimentarios.
Están relacionados con problemas psicológicos y pueden afectar a una persona, independiente de su peso.
            Los trastornos de la alimentación, por tanto, se deberían contemplar como una en-fermedad independiente de la obesidad de una persona, con el fin de ver si existe o no una conexión psicológica entre los dos. El desarrollo de un trastorno de la alimentación es tan importante como cualquier otro factor mental asociado con la obesidad, tales como baja autoestima o depresión. Los 3 trastornos de la alimentación que se examinan en relación con la obesidad, son: el trastorno alimenticio compulsivo, el síndrome del comedor noc-turno y los comportamientos poco saludables de control de peso.
            El trastorno alimenticio compulsivo, también llamado trastorno por atracón (TA) es una enfermedad que se caracteriza por atracones sin conductas compensatorias (por ejem-plo, vómitos o uso de laxantes). Las víctimas de este trastorno consumen grandes cantida-des de alimentos en un corto período de tiempo (por ejemplo 2 horas) en el que la persona tiene una sensación de falta de control. Este episodio es generalmente seguido a continua-ción por los sentimientos de disgusto, depresión o culpa. Entre el 30 a 70% de la población de obesos que buscan tratamiento, cumplen los criterios para TA. TA se asocia con psico-patología significativa, lo que sugiere que la falta de componente de control de la enferme-dad se asocia con una mayor angustia psicológica y una mayor adiposidad en niños y adultos. La co-ocurrencia de los episodios de atracones con síntomas psiquiátricos en los jóvenes con sobrepeso, es también mucho mayor que lo estimado al azar, lo que sugiere que comer en exceso se debe a problemas de salud mental. Aunque TA sigue sin ser reconocida como un diagnóstico psiquiátrico establecido en el DSM-IV-TR (IV versión de la Clasificación de enfermedades mentales de la American Psychriatric Association), es un candidato para ser incluido en el próximo DSM-V.
                Ha habido una creciente cantidad de investigaciones llevadas a cabo reciente-mente, que conectan la obesidad de TA con otros trastornos de la alimentación. Un estudio demostró que en una población, el 20% de las niñas obesas y el 17% de las niñas con sobre-peso, participan en los atracones y las purgas en comparación con sólo el 9% de las mujeres sin sobrepeso. En una muestra nacional representativa de 1.900 adolescentes alemanes de entre 11 y 17 años, más de un tercio de las personas con sobrepeso y más de la mitad de los participantes obesos informó una desordenada conducta alimentaria y trastorno por atracón evaluada por cuestionario. Este ciclo de comer compulsivamente, es un serio motivo de preocupación porque comer en exceso en la infancia y la adolescencia también puede ser una posible causa para el desarrollo de la obesidad del adulto. Trastornos alimenticios y la obesidad en la niñez también son factores de riesgo importantes para el desarrollo de otros trastornos de la alimentación, como la bulimia nerviosa por ejemplo.
                El síndrome de comedor nocturno (SCN) es otra forma de trastorno alimentario que puede resultar de la obesidad. SCN se define como el consumo de más del 35% de la ingesta diaria de calorías después de la cena, con anorexia matutina, hiperfagia y el desper-tar nocturno y comer durante estos episodios de despertar. SCN se caracteriza por un patrón de tiempo de retraso de la alimentación en relación con el sueño, donde la mayoría de los alimentos se consume en la tarde y la noche. SCN es más prevalente en la población obesa y se considera un marcador fiable de los trastornos psicológicos. A pesar de que SCN no cumple los criterios de un trastorno mental hasta el momento, se trata de un patrón de ali-mentación no normativo que puede ser muy importante en términos de su impacto sobre el peso corporal y la salud.
              Conductas de control de peso no saludables tales como dieta excesiva, depuración y el uso de laxantes, también han demostrado ser problemas de salud derivados de la obesi-dad. Aunque, como el SCN, los comportamientos de control de peso no se pueden definir como un trastorno mental, son acciones extremas que resultan de una situación desesperada y poco saludable de la mente, que las personas obesas enfrentan a menudo. La obesidad provoca una pesada carga física y psicológica que puede conducir a las víctimas a experi-mentar con tipos extremos de control de peso con el fin de llegar a un peso más vivible. En un estudio de una población de 4.500 adolescentes de Minnesota en escuelas secundarias y media, el 69% de sobrepeso (percentil 85-94) y el 76% de las niñas obesas (percentil 95 de peso) siguen conductas no saludables de control de peso.
               La desesperación y la frustración resultante de la continua falta de control del pe-so, conduce a muchos individuos obesos a recurrir a la cirugía como solución. La cirugía bariátrica, aunque por lo general con éxito en la pérdida de peso (a menudo sustancial), es un gran paso a tomar para bajar de peso y tiene efectos secundarios riesgosos, que incluyen la mortalidad. Comportamientos de control del peso por lo tanto, deben ser evaluados y controlados cuando se trata de pacientes obesos.
Consecuencias psicológicas.
Muchas de las consecuencias psicológicas que derivan de la obesidad, no sólo se deben al mal estado físico de una persona obesa, sino que pueden ser causadas por factores externos que son producto de este aumento de peso. Las personas obesas, debido a su dis-posición física obvia, se enfrentan a la exclusión social y a la discriminación en muchos ámbitos de la vida. Además de ser víctimas de discriminación indirecta, los niños obesos se enfrentan a prejuicios directos en forma de comentarios negativos y miradas fijas y, con frecuencia, son sometidos a barreras físicas y obstáculos. Personas con sobrepeso y obesos son también víctimas de una gran variedad de estereotipos preconcebidos que afectan la forma en que son tratados. A menudo se cree que son "infelices, menos competentes, so-cialmente aislados y carentes de auto-disciplina, motivación y control personal". A la edad de 5 años, los niños ya miran al gordo y con sobrepeso como personas menos agradables.      La estigmatización y las burlas tienen numerosas consecuencias psicológicas para las víc-timas. En primer lugar, comer a menudo sirve como una respuesta común frente a la estigmatización. Este papel de comer emocional, en un círculo vicioso, sirve en el desa-rrollo y mantenimiento de la obesidad en los que ya están siendo molestados. Bromas en función del peso también han demostrado ser un importante mediador entre el sobrepeso y / u obesidad y la ideación suicida. Burlas por el peso cuenta en la ideación suicida elevada en los adolescentes varones y mujeres.
               Eisenberg y sus colegas encontraron que la ideación suicida era dos veces más frecuente entre las niñas que sufrieron burlas en función del peso (41%) en comparación con aquellas que no les hicieron burlas. El análisis transversal de 4.500 adolescentes en Minnesota también demostró que las bromas por el peso están significativamente relacionadas con síntomas depresivos y la idea-ción suicida.
                Se ha demostrado claramente que las burlas en función del peso reducen la autoestima, además de aumentar los síntomas depresivos. La presencia de bromas se asocia a tener más pensamientos y comportamientos de trastornos alimentarios. Un estudio realizado por Libbey y sus cole-gas, recolectaron datos del Proyecto Pérdida de Peso Exitoso en Adolescentes (SAL), que se centró en la conexión entre bromas en función del peso y problemas de salud mental. A 130 adolescentes que estaban entre los 12 y 20 años, se les midió la estatura y el peso y, completaron una encuesta con preguntas sobre pensamientos de trastorno alimenticio, conductas alimentarias, ira, depresión, ansiedad, autoestima, y bromas relacionadas con su peso.
Factores que afectan la relación entre obesidad y salud mental                La relación entre la obesidad y los problemas psicológicos no puede generalizarse para todos los tipos de pacientes obesos. Aunque obviamente existen diferencias específicas entre todas las personas, también hay ciertas diferencias de carácter general que se observan entre los distintos grupos sociales. Edad, género y etnia son todas variables que afectan la relación entre la obesidad y salud mental.
* Edad: La edad es un factor importante en el efecto de la obesidad en el bienestar emocio-nal. Un análisis de una sub-muestra de 4.827 participantes del Estudio Nacional Longitudi-nal de Salud Adolescente efectuado en 1996 en USA demostró que sólo el grupo obeso más joven de edad (12 a 14 años) sufrió consecuencias negativas de depresión, baja autoestima y fracaso escolar y social. Los participantes con sobrepeso y obesos mayores de 14 años, no mostraron diferencias significativas en las respuestas de salud mental en comparación con sus pares de peso normal.
              Considerando que algunos efectos, tales como la autoestima y el funcionamiento social parecen afectar más a los jóvenes obesos que a los adultos, otros problemas de salud mental derivados de la obesidad son más frecuentes en adultos. Un estudio de 393 mujeres en 2° medio (edad promedio 15,8) no revelaron diferencias en los niveles de ansiedad entre los individuos obesos y los no obesos, mientras que en los adultos, los estudios epide-miológicos han revelado que la obesidad sí conlleva un riesgo elevado para la ansiedad y trastornos del estado de ánimo. Los adultos obesos tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos específicos de personalidad (como el trastorno antisocial compulsivo, por evi-tación, esquizoide, paranoico y obsesivo).
* Género: Como regla general, las mujeres sufren más problemas psicológicos derivados de la obesidad que los hombres. Las mujeres más fácilmente se retratan como obesas en comparación con los hombres, lo que sugiere que las mujeres pueden ser más conscientes de su peso. Ya en niñas de 5 años de edad, el estado de peso se asocia con mayor insatisfa-cción corporal y, el nivel de insatisfacción corporal es mayor entre las chicas con sobrepeso que en los varones con sobrepeso. Estos hallazgos pueden ser causados por las jóvenes que ya son conscientes de lo que se considera físicamente atractivo y juzgan sus cuerpos com-parativamente.
             La diferencia de género puede estar relacionada con las diferentes presiones socio-culturales que tienen las niñas para adaptarse a un físico idealizado. Mientras que las niñas generalmente quieren ser más delgadas, los niños a menudo quieren ser "más grandes", de modo que el exceso de peso sería menos molesto para un hombre. La depresión es otro problema de salud mental que parece afectar más a las mujeres obesas que a los hombres obesos. Las mujeres también tienen una tasa estimada del 37% mayor de depresión que sus pares de peso normal. Estos resultados reflejan el mayor estigma social que enfrentan las mujeres obesas en comparación con sus homólogos masculinos.
             Otra diferencia entre sexos se relaciona con la edad. Las niñas mayores con sobre-peso (13 a 16 años de edad) tienen menos autoestima corporal que sus contrapartes más jó-venes, mientras que en niños mayores con sobrepeso la tendencia es opuesta. En otras palabras, para las niñas, los problemas con la autoestima parecen aumentar con la edad, mientras que con los chicos mientras mayores sean, tienden a tener una mejor autoestima. Esto puede deberse a que la propia imagen durante la adolescencia se vuelve mucho más importante y el cuerpo ideal-tipo para las niñas es mucho más delgado que el ideal corporal masculino. La importancia del peso es elevado en las identidades de las mujeres, ya que éstas tienden a internalizar el estigma de la obesidad presente en la cultura occidental, que establece como estereotipo de belleza la delgadez.
* Etnia: La etnia es otro factor que tiene un efecto sobre la relación entre la obesidad y los problemas psicológicos. En primer lugar, parece que el origen étnico juega un papel impor-tante en cómo la obesidad puede ser una situación de riesgo para las diferentes etnias. Los jóvenes méxico-americanos de entre 2 y 19 años tienen la tasa más alta de riesgo para la obesidad (37%), seguido por los negros no hispanos (35,1%) y los jóvenes de raza blanca (33,5 %). Los afroamericanos parecen ser uno de los grupos con mayor riesgo de sobrepeso y obesidad en Estados Unidos. Los jóvenes de raza negra tienen más probabilidad que los jóvenes caucásicos obesos de convertirse en adultos obesos. Así, 45% de los adultos negros son obesos y un alarmante 76% de ellos tiene sobrepeso. Mujeres adultas afroamericanas (14,7%) también son más propensas que las mujeres de otras etnias en ser extremadamente obesas (IMC> o igual a 40). A pesar de estas alarmantes estadísticas que demuestran la alta prevalencia de sobrepeso y obesidad en la población afro-americana, irónicamente, parecen ser el grupo que está menos afectado por problemas psicológicos derivados de este aumento de peso.
               En un estudio que mide los efectos de la obesidad en la autoestima, las niñas afro-americanas demostraron que tienen mayor autoestima sobre sus cuerpos, que los hispanos y caucásicos. Otro estudio demostró que, si bien el sobrepeso y la obesidad ayudaron a prede-cir la ideación suicida en los participantes blancos, la ideación suicida no podía predecirse en función del peso en los participantes afroamericanos. Un último hecho curioso es que se ha observado que a pesar de la mayor prevalencia de obesidad entre los negros, los caucá-sicos son más propensos a buscar cirugía en respuesta a la obesidad, lo que sugiere que los blancos pueden estar más afectados psicológicamente por su estado físico, y por lo tanto más dispuestos a tratar de cambiar su condición.
             Hay varias teorías de por qué la raza juega un papel en la respuesta psicológica a la obesidad. Una de ellas es que las diferentes culturas tienen diferentes aceptaciones de lo que se considera un tamaño normal del cuerpo. Los afro-americanos pueden tener normas más amplias de lo que se considera un peso adecuado o atractivo. En los medios de comu-nicación hoy en día, una mujer afro-americana es a menudo considerada hermosa cuando se la describe como "gorditas" o si tiene una figura más completa o con más curvas, mientras que las imágenes de la hermosa mujer blanca enfatiza en un cuerpo más delgado y de tipo juvenil.
Conclusiones.
             La conexión entre la obesidad y la salud mental parece tener una relación lógica. Como una condición que afecta a tantos aspectos de la vida de una persona, tales como la capacidad de establecer interacciones sociales, y la manera en que uno es visto por la socie-dad, parece poco probable que la obesidad no afecte la salud mental. Aunque algunas investigaciones sugieren que los problemas de salud mental tales como la depresión y la baja autoestima, pueden dar lugar a la obesidad, el foco principal en la investigación ha sido hasta ahora los problemas psicológicos que pueden derivarse del sobrepeso. La dismi-nución de la autoestima y la depresión se tratan una vez más, no sólo como posibles causas, sino también como resultado de la obesidad.
              La asociación entre obesidad y trastornos de salud mental sugieren la posibilidad de intervenir en una (la obesidad o problemas psicológicos) para evitar la aparición de la otra, o para mejorar los resultados relacionados con el otro. Los médicos que tratan per-sonas con obesidad deberían considerar la posibilidad de detección de los trastornos mentales con el fin de proporcionar la atención más eficaz y amplia posible.
 

 

Fecha de Publicación: 2011-12-24 07:19:13

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